Madrid, 1.998.
El espacio correspondiente al
primitivo jardín se encontraba ocupado por
una construcción de planta baja situada a
muy escasa distancia de las fachadas posteriores
del Palacio; construcción que resulta demolida
con las obras de 1.992-1.993, permitiendo la recuperación
de un espacio que, entonces y en ausencia de documentación
que pudiera explicarlo, se diseña con una
fuerte pantalla vegetal en su borde, dentro de la
que se crea un rincón escenográfico
situado en la conclusión del eje-bisectriz
de la planta del inmueble y una pradera de césped
en el restante espacio interior. El resultado es
un sorprendente oasis en el centro de la ciudad.
Posteriores razones de funcionalidad
aconsejaron la sustitución de la pradera
de césped por un pavimento más apto
para la estancia de personas y celebración
de diversos eventos al aire libre. A tal objeto
fue concebida una plataforma constituida por piedra
granítica y madera de iroko, que se distribuye
y despieza siguiendo líneas directrices del
interior del edificio y queda recercada por una
chapa de acero Corten.